¿Por qué el armisticio de 1918 acabó conduciendo a la Segunda Guerra Mundial?
- Angela Martín

- 17 nov 2024
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Las duras condiciones de paz acabaron dando lugar a un sentimiento de humillación y venganza.

Ilustración sobre el momento de la firma del armisticio. / Fuentes: Wikipedia Commons.
La Gran Guerra acabó un 11 de noviembre de 1918. Cuatro años de batallas, 22 millones de muertes, 70 millones de heridos finalizaron con una firma que a la larga volvió a abrir heridas. La esperanza que debía reinar en Europa tras el trauma de la Primera Guerra Mundial acabó convirtiéndose en un sentimiento de venganza y humillación por parte de los "perdedores".
El armisticio fue firmado hace 106 años en un vagón de tren cerca de Compiegne, al norte de Francia. Aunque este acuerdo puso fin al conflicto las duras condiciones impuestas a los perdedores acabaron dando lugar a un continente roto que 20 años después se enfrentó a otra Guerra Mundial. Aquel día de noviembre la época de los imperios llegó a su fin, poniendo las primeras piedras para establecer que Europa somos hoy.
La Gran Guerra
Para entender el armisticio hay que remontarse a los orígenes, al momento en el que estalló la guerra. El detonante de la Primera Guerra Mundial fue el asesinato en Sarajevo de el archiduque de Austria, Francisco Fernando, aunque fue solo una excusa para que la tensión geopolítica acumulada estallará. Un entramado de alianzas imperiales dio lugar a una cadena de declaraciones de guerra entre los principales poderes del continente. Los dos bandos ya estaban creados antes de que las hostilidades comenzarán, la Triple Entente, formada en 1907 por Francia, Gran Bretaña y Rusia, se enfrentó a la Triple Alianza, ideada en 1882, de Austria-Hungría, Alemania e Italia.
Fue el primer conflicto moderno que se vio afectado por el desarrollo del nuevo material armamentístico, lo que conllevo a que el número de víctimas fuera devastador. La Gran Guerra cambió la forma en la que las hostilidades eran concebidas, causando que se instaura un trauma generalizado entre la conocida como generación perdida.
El día de la firma
Aunque conocemos este día como el fin de la guerra en general, lo cierto es que otros países contingentes como Rusia o Bulgaria ya había firmado la paz, por lo que se trato de un armisticio bilateral entre los ganadores y una Alemania que se había quedado sola. Tras la abdicación del kaiser Guillermo II en Alemania, condición indispensable de los aliados para el fin de la guerra, un grupo de diplomáticos alemanes se dirigieron a Francia para negociar el armisticio. El lugar acordado fue un bosque de la Compiégne, al norte del país galo.
El comandante en jefe de los ejércitos aliados, Ferdinand Foch, se encontró con los alemanes en un vagón de tren privado; aunque no estaba dispuesto a negociar. Los franceses y británicos establecieron unas demandas que los alemanes solo se pudieron resignar a aceptar; entre ellas estaban una fuerte desmilitarización del país, pérdidas de territorio y reparaciones económicas.
Foch les dio 72 horas a los diplomáticos presentes para aceptar estas duras condiciones y debido a la desastrosa situación en la que se encontraba Alemania la prioridad de sus nuevos mandatarios era acabar con la guerra. El acuerdo entro en vigor el 11 de noviembre de 1918 a las 11 de la mañana en París y a pesar de que el cese de las hostilidades fue acordado horas antes hasta ese momento las batallas no cesaron, dejando 3.000 muertos ese día.
Sed de venganza
El mundo nunca volvió a ser el mismo tras la Gran Guerra. La etapa de la Europa de los imperios llegó a su fin y dió lugar a la creación de nuevos estados como Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Yugoslavia, Estonia, Letonia y Lituania. Además, este momento de crisis social dio lugar al auge de revoluciones, como la Revolución rusa de 1917, y al auge de ideologías radicales que acabaron condicionando la primera mitad del siglo XIX.
Sin el armisticio de 1918 y las duras condiciones para la paz establecidas en Compiégne no hubiese estallado la Segunda Guerra Mundial, o al menos no de la misma forma. Las dificultades económicas que hundieron a Alemania debido a las reparaciones de guerra fueron solo uno de los motivos que dio lugar a que el nazismo consiguiera imponerse en un país que vivía hundido en la desesperanza de ser "los perdedores de Europa". La humillación se convirtió en venganza y en un nuevo conflicto.


