La herencia de la caída del Muro de Berlín: 35 años de lecciones no aprendidas
- Angela Martín

- 9 nov 2024
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Este hecho histórico dió lugar al principio del fin de la Guerra Fría.

Un berlines destruye el muro. / Fuente: VisitBerlin.
Hace 35 años Berlín dejó de estar encerrada en sí misma. El 9 de noviembre de 1989 no solo cayó un símbolo, sino también acabó una guerra. Tras décadas separados por el conocido como muro de la vergüenza, los berlineses hicieron historia arrasando con los bloques de hormigón que habían partido su ciudad y Europa en dos.
La caída del Muro de Berlín fue uno de los primeros golpes para acabar con el sistema político dominante desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Fue la culminación de un proceso que se extendió por toda Europa del este a finales de los años 80, marcado por la necesidad de acabar con los regímenes autoritarios controlados por la URSS. En 1989 comenzó una nueva era.
La caída del Muro de Berlín y muchas de las reivindicaciones que se extendieron por Europa del este, no hubieran sido posibles sin las nuevas políticas establecidas en Moscú. La llegada de Gorbachov al Kremlin en 1985 y las medidas de apertura que llevó a cabo su gobierno, catalizó un proceso que llevaba años existiendose en las sombras. La caída del muro no solo llevó a la liberación de una ciudad, también a que unos meses después, uno de los países más importantes del mundo se desintegró, cambiando el mundo para siempre.
UNA NUEVA EUROPA
Tras la caída del Muro de Berlín algo cambió en Europa. El continente experimentó una nueva configuración política, social y económica. Tras la desintegración de la URSS surgieron nuevos países, como Ucrania, Bielorrusia o Moldavia, y aquellos bajo la influencia del Pacto de Varsovia se alejaron del control de Moscú.
Otro hito histórico favorecido por la caída del muro fue la unificación alemana. Tras 45 años separados en dos estados distintos, Alemania volvió a convertirse en una sola. El 3 de octubre de 1990, después de meses de reuniones, la República Democrática de Alemania (RDA) desapareció y sus territorios pasaron a formar parte de la República Federal de Alemania, volviéndose a convertir en una sola nación.
Esta unificación no hubiese sido posible sin el apoyo de Estados Unidos, considerado el ganador de la Guerra Fría y el país más poderoso del mundo. El estado norteamericano, gobernado en aquel momento por Bush, impulsó una Europa unida y en paz, dependiente de las ayudas económicas del Fondo Monetario Internacional y de la seguridad que les proporcionaba la OTAN. Además, no solo implementó su modelo político y económico, también su forma de vida; los europeos de los estados recién liberados del yugo de Moscú tenían un sueño; vivir como se vivía en Estados Unidos.
PROMESAS INCUMPLIDAS
A pesar de las buenas intenciones y de la esperanza por una nueva etapa de unidad y prosperidad, 35 años después de la caída del Muro de Berlín las cosas no son tan idílicas como se esperaba en 1989. Berlín volvió a ser solo una y Alemania se ha convertido en la gran potencia política y económica de Europa, aunque las diferencias establecidas durante los 45 años de ocupación soviética en el este siguen muy presentes.

Restos del muro de Berlín despues de su caída. / Fuente: Visit Berlin.
El muro de hormigón cayó, pero se alzaron las desigualdades sociales entre las dos zonas del país. Muchos ciudadanos del este se sienten “ciudadanos de segunda” y exigen una mayor representación en puestos de poder. Este malestar ha dado lugar a que partidos de ultraderecha logren un mayor apoyo en esta región.
Este descontento generalizado también se ha extendido por países de Europa del este que han visto como las promesa de formar parte de un continente integrado y con mayor prosperidad no ha sido cumplida. Muchos líderes políticos, como Victor Orban han aprovechado este malestar para expandir ideologías conservadoras, en las que el deseo de vivir como un occidental ha sido sustituido por el miedo a perder las tradiciones propias y sucumbir al caos de un Occidente que está perdiendo su identidad debido a la migración. Estos nuevos movimientos nacionalistas y antieuropeistas calan cada vez más en una población que ya no cree las falsas promesas de un continente que nunca les ha incluido del todo.
PAPEL DE LA NUEVA RUSIA
A pesar de todo el trauma extendido por el este de Europa, el primer afectado tras la caída del muro fue Rusia. La desintegración de su nación, la pérdida de gran parte de territorio, poder e influencia y la derrota frente a Estados Unidos llevó a los rusos a un momento negro de su historia. Tras una década de inestabilidad política, el ascenso de Putin al poder dio cierto alivio económico y social, aunque su política exterior agresiva con Occidente no hace más que aumentar las tensiones internacionales.
La extensión de la OTAN hacia el este y la invasión de Rusia a Ucrania hacen temer un nuevo conflicto abierto dentro del continente. La estrategia de occidente de hundir a Rusia en el aislamiento tras la Guerra Fría está dando lugar a políticas vengativas que pueden explotar en cualquier momento.
La caída del Muro de Berlín fue un sinónimo de esperanza por un futuro de unidad y seguridad para todo el continente. A pesar de la alegría inicial las falsas promesas de Occidente han dado lugar al aumento de un nacionalismo conservador en países de Europa del Este. Además, una Rusia ya recuperada del trauma está intentando recuperar territorios que considera legítimamente suyos como Ucrania, dando lugar a un estado de total tensión en el continente. Han pasado 35 años y todavía quedan muchas lecciones por aprender.

